lunes, 3 de septiembre de 2018
Leo a Saramago y no entiendo por qué ha querido adornar tanto la escritura de "Todos los nombres", como si hubiese querido salir de su propia intensidad para encerrarnos en la monotonía de un personaje que podría ser cualquiera de nosotros y que refleja perfectamente lo mucho que podría cambiarnos la vida tener algo que hacer, resulta triste y extraño sentirse tan reflejada en una historia así, llegando incluso a preguntarte qué harías tu en su lugar, si realmente merecería la pena moverse tanto por conseguir algo que realmente no tiene nada que ver con nosotros, pero que empieza a darnos sentido, a sentir el valor del tiempo y de lo que hacemos. No sé. Llegas hasta a envidiar por qué no nos ocurre algo así a los que andamos desamparados, cuando quizás cada día aparece algo en lo que podemos ser y seguimos mirando para otro lado de tan adentro que nos tenemos sumergidos.
Me han aumentado la medicación. No hay progreso. Me da miedo. Me da miedo pensar que seguirá aumentando, que mi estado dependerá cada vez más de ella, veo que sólo cambia el gramaje, mientras todo sigue igual, no logro hacerme con esto, encontrar algo en lo que encontrarme, hacer algo de todo este tiempo. Y sigue pasando. Y me asusta lo consciente que soy de ello y de mis pocas ganas, de que no hay nada por lo que salir de la cama cada mañana, de que no hay nada a lo que agarrarme mientras siento el agua queriendo ahogarme. Sigo flotando con los ojos cerrados, queriendo no darme cuenta de lo que estoy y me estoy perdiendo.
martes, 28 de agosto de 2018
viernes, 24 de agosto de 2018
He tenido intención de renunciar al amor, de alejarme, de desaparecer por completo con tal de no compartir toda mi miseria. Con la idea firme de que no soy suficiente y de que quien esté conmigo se está resignando, minándome la existencia pensando que habiendo tantas, dar conmigo tiene que ser un error. Me regodeo en mis razones, me convenzo de ellas y no logro aceptar otras que me hagan creer que puedo dar y mantenerme en otras manos que no sean las mías, porque no creo que puedan sostener todo eso, porque no creo que nadie deba soportar algo así. Porque me da miedo.
Y no puedo evitar sentirme tentada de conocer y disfrutar de alguien, esos arranques de euforia en los que creo que puedo hacerlo. Para luego darme cuenta de que sigo en el mismo punto y que es mejor alejarme antes de que se den cuenta de todo lo que escondo, de todo lo que me corrompe y no me deja. Me da miedo conversar y darme cuenta de que pasan los años y sigo sin tener algo que contar. Me da miedo expresar toda mi negatividad, espantarles.
Me dan miedo los demás, involucrarme con ellas, tener contacto, que desaparezcan, sentirme prescindible.
No puedo dejar de pensar en mi yo de pequeña, en qué pensará de en lo que me he convertido. No recuerdo sus sueños y me convenzo de que nunca los tuvo, que por eso no tengo nada que conseguir. Me amparo en echarle la culpa para quitármela, para justificar todo lo que he perdido de su vida, para no mirarla a los ojos y pensar en cómo la he tratado, en si cree que a esta edad estaría en este punto, ojalá saber lo que quería, lo que puedo hacer para volver a ella. Y a veces pienso que estos pensamientos sólo derivan de mi necesidad de complacer a alguien, de tener como objetivo los que otros me pongan, de salir adelante por algo o por alguien, pero nunca por mí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)