martes, 28 de agosto de 2018

La sensación de sentirse perdida, de querer conectar, de no lograrlo. Extasiarme de soledad y terminar por no saber compartir mi tiempo. Las ganas de salir corriendo. No ubicarme, no encontrar acomodo en los huecos que me ofrecen y volver a huir. Por miedo, por destino, por no querer conocerme así.

viernes, 24 de agosto de 2018

He tenido intención de renunciar al amor, de alejarme, de desaparecer por completo con tal de no compartir toda mi miseria. Con la idea firme de que no soy suficiente y de que quien esté conmigo se está resignando, minándome la existencia pensando que habiendo tantas, dar conmigo tiene que ser un error. Me regodeo en mis razones, me convenzo de ellas y no logro aceptar otras que me hagan creer que puedo dar y mantenerme en otras manos que no sean las mías, porque no creo que puedan sostener todo eso, porque no creo que nadie deba soportar algo así. Porque me da miedo.

Y no puedo evitar sentirme tentada de conocer y disfrutar de alguien, esos arranques de euforia en los que creo que puedo hacerlo. Para luego darme cuenta de que sigo en el mismo punto y que es mejor alejarme antes de que se den cuenta de todo lo que escondo, de todo lo que me corrompe y no me deja.  Me da miedo conversar y darme cuenta de que pasan los años y sigo sin tener algo que contar. Me da miedo expresar toda mi negatividad, espantarles.

Me dan miedo los demás, involucrarme con ellas, tener contacto, que desaparezcan, sentirme prescindible.
No puedo dejar de pensar en mi yo de pequeña, en qué pensará de en lo que me he convertido. No recuerdo sus sueños y me convenzo de que nunca los tuvo, que por eso no tengo nada que conseguir. Me amparo en echarle la culpa para quitármela, para justificar todo lo que he perdido de su vida, para no mirarla a los ojos y pensar en cómo la he tratado, en si cree que a esta edad estaría en este punto, ojalá saber lo que quería, lo que puedo hacer para volver a ella. Y a veces pienso que estos pensamientos sólo derivan de mi necesidad de complacer a alguien, de tener como objetivo los que otros me pongan, de salir adelante por algo o por alguien, pero nunca por mí.