viernes, 24 de agosto de 2018

No puedo dejar de pensar en mi yo de pequeña, en qué pensará de en lo que me he convertido. No recuerdo sus sueños y me convenzo de que nunca los tuvo, que por eso no tengo nada que conseguir. Me amparo en echarle la culpa para quitármela, para justificar todo lo que he perdido de su vida, para no mirarla a los ojos y pensar en cómo la he tratado, en si cree que a esta edad estaría en este punto, ojalá saber lo que quería, lo que puedo hacer para volver a ella. Y a veces pienso que estos pensamientos sólo derivan de mi necesidad de complacer a alguien, de tener como objetivo los que otros me pongan, de salir adelante por algo o por alguien, pero nunca por mí.